Cuidar a quien sufre al estilo San Juan de Dios

Cada 8 de marzo, en la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios celebramos el día de nuestro fundador, Juan de Dios. Por ello, he elegido este momento para que quienes lean este artículo conozcan cómo se cuida a las personas que sufren por causa de una enfermedad incurable en fase avanzada y en fase terminal, al estilo de san Juan de Dios. A este tipo de cuidados, lo llamamos medicina paliativa juandediana. Se puede ver un vídeo sobre la medicina paliativa juandediana en este enlace.

En el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, desde 1993 nuestra actividad asistencial de Cuidados Paliativos a las personas con enfermedades incurables en fase avanzada y dependientes se ha desarrollado y se sigue desarrollando a nivel hospitalario y domiciliario, llegando a ser un recurso asistencial de referencia. En la actualidad, el servicio de cuidados paliativos de nuestro hospital atiende anualmente más de 500 pacientes ingresados y más de 200 en sus domicilios. Nuestro centro es, desde hace muchos años, un colaborador leal y constante de la Administración pública.

Además, dispone del recurso no asistencial Instituto para Cuidar Mejor que desarrolla cuatro objetivos para complementar dicha actividad asistencial, como son: divulgar y sensibilizar a la sociedad la importancia de recibir una buena atención al final de la vida, así como cuidar a las personas dependientes; compartir nuestras experiencias a través de la formación a profesionales que estén interesados en esta disciplina de la medicina, así como a instruir a los cuidadores no profesionales en el acompañamiento; investigar a través de nuestra observación; e innovar y asesorar en cuidados.

Añadido a lo anterior, desde el Hospital se abunda en esa labor divulgativa a través de un pódcast temático sobre cuidados paliativos (Viviendo en la frontera), y en el ámbito formativo, mediante la implicación del Hospital en la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Deusto con la asignatura de Cuidados Paliativos.

El fundador, Juan de Dios, es el referente en el cuidar a las personas sufrientes y necesitadas. Él nos enseñó, con su propio testimonio de cómo afrontó su enfermedad y su muerte, la filosofía de cuidar para acoger y acompañar a los enfermos que nos necesitan. En su proceso de morir nos dio las primeras orientaciones sobre el acompañamiento en el final de la vida: la necesidad de cerrar los temas pendientes y poderse despedir ante la proximidad de la muerte y la necesidad de cuidar también a la familia del enfermo. En el siglo XVI, en el que vivió y murió san Juan de Dios, pudo conocer las ideas del humanismo que, a partir de entonces, marcaron la actuación y el estilo de la Orden Hospitalaria. Trató de reconquistar la humanización en el campo asistencial y lo transmitió para que lo siguiéramos haciendo de esta manera. La cultura de los cuidados paliativos, desarrollada por san Juan de Dios, ha sido un referente en la atención a las personas enfermas, que sigue vigente en la actualidad.

El modelo asistencial de los centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios compagina la ciencia y los avances tecnológicos con la ética y la humanización desde el respeto a la dignidad de la persona atendida, garantizando sus derechos, respetando su autonomía y fomentando su participación en los procesos asistenciales. Los cuidados paliativos que realizan en estos centros no son ideas ni empeños de unos pocos profesionales que trabajamos en ellos, sino de toda una filosofía de ayuda solidaria, integral, con una profesionalidad adecuada, una humanización exquisita, dentro de una ética enérgica, pero prudente y, siempre, teniendo como objetivo a la persona que sufre y a su familia.

Cuidamos a las personas al estilo de san Juan de Dios desde la hospitalidad, abriendo permanentemente el corazón y la casa para acoger a quien sufre y está necesitado, porque la medicina paliativa trata de cómo hacerse cargo de las personas cuando padecen una enfermedad avanzada, incurable y en fase terminal; desde la calidad con la máxima competencia profesional para garantizar una atención adecuada a las necesidades de la persona enferma; desde el respeto que conlleva la actitud de quien cuida al que necesita ayuda, teniendo en cuenta sus valores y su autonomía, porque buscar el máximo beneficio para el enfermo continúa siendo el motor básico de la práctica médica, pero su voluntad determina ahora la dirección correcta y su límite; desde la responsabilidad que caracteriza a quienes están al servicio de los demás por su competencia profesional y su actitud empática; y desde la espiritualidad que es otro universal humano que también hay que contemplar y cuidar, porque es importante saber que la mayor parte del sufrimiento que ocurre en este final de la vida, aparte de provocarlo el dolor físico, tiene que ver con otros temas emocionales, sociales, espirituales, y con su propia incapacidad para resolver los interrogantes más profundos de la vida.

La medicina paliativa no solo es aplicable a los enfermos moribundos, en la situación de agonía; esta disciplina de la medicina es aplicable a cualquier persona para la que la ciencia médica no le puede ofrecer la curación de su enfermedad, pero sí le puede ofrecer el alivio de los síntomas que le provocan sufrimiento en cualquiera de las etapas de su enfermedad incurable y en cualquiera de las cuatro dimensiones de su sufrimiento (físico, emocional, social y espiritual), así como el acompañamiento a su familia y a sus seres queridos.

Dr. Jacinto Bátiz Cantera
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi (Bizkaia)