Cuidar a quien sufre al estilo San Juan de Dios

Cada 8 de marzo, en la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios celebramos el día de nuestro fundador, Juan de Dios. Por ello, he elegido este momento para que quienes lean este artículo conozcan cómo se cuida a las personas que sufren por causa de una enfermedad incurable en fase avanzada y en fase terminal, al estilo de san Juan de Dios. A este tipo de cuidados, lo llamamos medicina paliativa juandediana. Se puede ver un vídeo sobre la medicina paliativa juandediana en este enlace.

En el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, desde 1993 nuestra actividad asistencial de Cuidados Paliativos a las personas con enfermedades incurables en fase avanzada y dependientes se ha desarrollado y se sigue desarrollando a nivel hospitalario y domiciliario, llegando a ser un recurso asistencial de referencia. En la actualidad, el servicio de cuidados paliativos de nuestro hospital atiende anualmente más de 500 pacientes ingresados y más de 200 en sus domicilios. Nuestro centro es, desde hace muchos años, un colaborador leal y constante de la Administración pública.

Además, dispone del recurso no asistencial Instituto para Cuidar Mejor que desarrolla cuatro objetivos para complementar dicha actividad asistencial, como son: divulgar y sensibilizar a la sociedad la importancia de recibir una buena atención al final de la vida, así como cuidar a las personas dependientes; compartir nuestras experiencias a través de la formación a profesionales que estén interesados en esta disciplina de la medicina, así como a instruir a los cuidadores no profesionales en el acompañamiento; investigar a través de nuestra observación; e innovar y asesorar en cuidados.

Añadido a lo anterior, desde el Hospital se abunda en esa labor divulgativa a través de un pódcast temático sobre cuidados paliativos (Viviendo en la frontera), y en el ámbito formativo, mediante la implicación del Hospital en la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Deusto con la asignatura de Cuidados Paliativos.

El fundador, Juan de Dios, es el referente en el cuidar a las personas sufrientes y necesitadas. Él nos enseñó, con su propio testimonio de cómo afrontó su enfermedad y su muerte, la filosofía de cuidar para acoger y acompañar a los enfermos que nos necesitan. En su proceso de morir nos dio las primeras orientaciones sobre el acompañamiento en el final de la vida: la necesidad de cerrar los temas pendientes y poderse despedir ante la proximidad de la muerte y la necesidad de cuidar también a la familia del enfermo. En el siglo XVI, en el que vivió y murió san Juan de Dios, pudo conocer las ideas del humanismo que, a partir de entonces, marcaron la actuación y el estilo de la Orden Hospitalaria. Trató de reconquistar la humanización en el campo asistencial y lo transmitió para que lo siguiéramos haciendo de esta manera. La cultura de los cuidados paliativos, desarrollada por san Juan de Dios, ha sido un referente en la atención a las personas enfermas, que sigue vigente en la actualidad.

El modelo asistencial de los centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios compagina la ciencia y los avances tecnológicos con la ética y la humanización desde el respeto a la dignidad de la persona atendida, garantizando sus derechos, respetando su autonomía y fomentando su participación en los procesos asistenciales. Los cuidados paliativos que realizan en estos centros no son ideas ni empeños de unos pocos profesionales que trabajamos en ellos, sino de toda una filosofía de ayuda solidaria, integral, con una profesionalidad adecuada, una humanización exquisita, dentro de una ética enérgica, pero prudente y, siempre, teniendo como objetivo a la persona que sufre y a su familia.

Cuidamos a las personas al estilo de san Juan de Dios desde la hospitalidad, abriendo permanentemente el corazón y la casa para acoger a quien sufre y está necesitado, porque la medicina paliativa trata de cómo hacerse cargo de las personas cuando padecen una enfermedad avanzada, incurable y en fase terminal; desde la calidad con la máxima competencia profesional para garantizar una atención adecuada a las necesidades de la persona enferma; desde el respeto que conlleva la actitud de quien cuida al que necesita ayuda, teniendo en cuenta sus valores y su autonomía, porque buscar el máximo beneficio para el enfermo continúa siendo el motor básico de la práctica médica, pero su voluntad determina ahora la dirección correcta y su límite; desde la responsabilidad que caracteriza a quienes están al servicio de los demás por su competencia profesional y su actitud empática; y desde la espiritualidad que es otro universal humano que también hay que contemplar y cuidar, porque es importante saber que la mayor parte del sufrimiento que ocurre en este final de la vida, aparte de provocarlo el dolor físico, tiene que ver con otros temas emocionales, sociales, espirituales, y con su propia incapacidad para resolver los interrogantes más profundos de la vida.

La medicina paliativa no solo es aplicable a los enfermos moribundos, en la situación de agonía; esta disciplina de la medicina es aplicable a cualquier persona para la que la ciencia médica no le puede ofrecer la curación de su enfermedad, pero sí le puede ofrecer el alivio de los síntomas que le provocan sufrimiento en cualquiera de las etapas de su enfermedad incurable y en cualquiera de las cuatro dimensiones de su sufrimiento (físico, emocional, social y espiritual), así como el acompañamiento a su familia y a sus seres queridos.

Dr. Jacinto Bátiz Cantera
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi (Bizkaia)

Cuidar desde el respeto

Cuidar desde el respeto es algo esencial. El valor central de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios es la hospitalidad, que se expresa y se concreta en cuatro valores guía: calidad, respeto, responsabilidad y espiritualidad.

El respeto consiste en comprender y aceptar a las demás personas, tanto su forma de ser como sus opiniones, sus creencias y sus actitudes. Cuando hemos elegido dedicarnos a cuidar a las personas hemos de tener en cuenta que debemos hacerlo desde el respeto. Tenemos que respetar su intimidad, sus deseos, sus valores y su dignidad. Nuestro respeto le va a hacer sentir que es una persona.

En relación a lo anterior, hace tiempo llegó a nuestra Unidad de Cuidados Paliativos un médico residente de Medicina de Familia a rotar con nosotros durante un mes. Cuando fuimos a visitar como cada mañana a los enfermos (para él, la primera vez que lo iba a hacer) le cedí el paso ante el primer enfermo; abrió la puerta y entró en la habitación. Yo le hice salir de la estancia y le pregunté si creía que lo había hecho bien; se dio cuenta de que no había tocado en la puerta; volvió a intentarlo de nuevo, tocó en la puerta y de inmediato la abrió y entró en la habitación. Le volví a hacer salir para corregir lo que no estaba bien hecho porque no había esperado a que el enfermo le diera permiso para entrar. Se dio cuenta, corrigió y entró en la habitación después de que el enfermo le diera su permiso. Aprendió una lección muy importante: el respeto a la intimidad del enfermo.

Quien está enfermo tiene que sentir que le cuidamos como la persona que es, que no le consideramos un mero enfermo anónimo, sino que es alguien único que padece una enfermedad y que ese alguien, que es él, nos importa.

Aunque el enfermo no nos escuche, solemos faltar al respeto cuando nos dirigimos a otro compañero y le preguntamos: «¿cómo se encuentra la cirrosis de la 214?». Esto es faltar al respeto de la persona, que tiene nombre y apellidos y, que sí, padece una cirrosis y está ingresada en la habitación 214. Pero a esa persona la estamos tratando como si fuera «algo» en vez de «alguien». Esta cosificación del paciente ¡no se debiera repetir nunca! Es una gran falta de respeto que atenta a su dignidad como persona.

En otras ocasiones, se puede estar aseando o curando a un paciente en situación clínica de coma, pensando que no oye y que no siente; y mientras se realizan las labores profesionales, con gran competencia y mucha eficacia, los profesionales hablan entre ellos, por ejemplo, de cómo les ha ido el fin de semana. Esto también es faltar al respeto en el cuidar. Por el contrario, si la conversación la dirigieran al paciente, indicándole que le están aseando para que se encuentre más confortable, sí estarían cuidándole con respeto.

Cuidar desde el respeto ayuda a preservar la dignidad de la persona enferma; dignifica a ella y a quien le cuida.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

 

El enfermo es una persona, no una enfermedad

En muchas ocasiones, cuando estamos ante un enfermo que nos pide ayuda, entre el manejo del ordenador para registrar sus datos, las indicaciones de pruebas analíticas y radiológicas y la interpretación de sus resultados, se nos olvida que estamos ante una persona.

La persona no puede ser comprendida por los métodos reduccionistas de la ciencia que, sin duda, pueden ser necesarios en otras circunstancias, porque al descomponerla en cada uno de sus órganos desaparece como persona. Nuestra atención no se debe centrar solamente en el aspecto físico o biológico del enfermo, sino también en sus aspectos sociales o familiares, psicológicos o emocionales, espirituales o trascendentales. Si lo hacemos así, estaremos realizando una atención integral a la persona.

La medicina paliativa trata de cómo hacerse cargo de la persona cuando padece una enfermedad avanzada, incurable y en fase terminal. No trata de hacerse cargo de la enfermedad, salvo del control de sus síntomas que provocan sufrimiento. Otras disciplinas de la Medicina ya han intentado curar su enfermedad, pero no lo han conseguido. La atención médica siempre tiene como centro de atención a la persona que está enferma, pero es en la etapa terminal de su enfermedad cuando el enfermo necesita que se preocupen más de él que de su enfermedad. Necesita que le traten como una persona enferma, no como una enfermedad.

Cuando una persona está enferma, no es sólo el órgano que está afectado por los agentes patógenos, por los mecanismos degenerativos o los traumas, sino que toda ella queda implicada, desde su cuerpo hasta su capacidad de pensar y razonar, influida por el dolor o las limitaciones impuestas por la propia enfermedad.

Los profesionales sanitarios conocemos muy bien la dimensión objetiva de la enfermedad. Pero tal vez no conocemos lo suficiente a quien la padece, ni conocemos sus valores, sus deseos, sus expectativas. Los profesionales sanitarios, sobre todo en Cuidados Paliativos, que no expresan ninguna emoción en su labor, sino sólo su destreza técnica, tal vez no puedan ofrecer lo que más necesita la persona. Si lo único que nos interesa es la enfermedad, olvidándonos de quien la padece, nos faltará algo para hacerlo del todo bien.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

Ilustración: Mónica Lalanda (@mlalanda)

Entre todos podremos cuidar mejor

El pasado 11 de noviembre se presentó en el Colegio de Médicos de Madrid la plataforma ‘Para ti, Paliativos’. Una plataforma social que surge para movilizar a toda la sociedad con el propósito de transformar la percepción sobre los cuidados paliativos en España, promoviendo su accesibilidad y eliminando el estigma al que están asociados.

Desde esta plataforma se pretende ver la vida con otra mirada. Una mirada que ponga en el centro la dignidad, el acompañamiento y el respeto por la persona en momentos de dificultad y sufrimiento.

Entre todos podremos cuidar mejor y sensibilizar a la sociedad, romper el tabú en torno a la muerte, promover la necesidad del acceso a los recursos paliativos y eliminar las barreras geográficas que dificultad el acceso equitativo a los cuidados paliativos. Entre todos hemos de conseguir cuidar, preservando la dignidad de las personas con nuestra cercanía.

El objetivo principal de los cuidados paliativos no es curar, sino asegurar que las personas enfermas reciban el acompañamiento profesional, personalizado y humanizado que necesitan desde el momento del diagnóstico de su enfermedad. Estos cuidados ayudan a paliar el dolor que va más allá de lo físico, ayudan a reflexionar y a aceptar, ayudan a controlar las emociones y, además, son compatible con otros tratamientos.

Todos necesitamos ser cuidados y acompañados. Ante una enfermedad grave o incurable, debemos enfrentarnos a momentos de gran dificultad y sufrimiento. Cuando esta se encuentra en fases avanzadas, el futuro se vuelve incierto.

Entre todos podremos cuidar mejor y podemos empezar por reivindicar una atención paliativa integral para todos. Que esa atención no sea el privilegio de unos pocos, sino un derecho que debemos exigir y que actualmente no está siendo completamente cubierto. Hemos de conseguir hacer de los cuidados paliativos una prioridad para construir una sociedad donde vivir bien, vivir cuidado y vivir acompañado sea la realidad de cualquier persona con una enfermedad grave. Esta transformación sólo será posible si todos y cada uno de nosotros la exigimos. Accede a la plataforma https://paratipaliativos.org/. Se puede ver un vídeo del Hno. Ramón Castejón en este enlace.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

 

Pastoral en el final de la vida humana

Acoger, ayudar y acompañar a quien sufre es el fundamento de los cuidados paliativos. El tratamiento del sufrimiento es una prioridad en el cuidado de todos los enfermos. Tiene sus raíces en los mismos orígenes de la profesión médica. Cuidar fue antes que curar.

«Velad conmigo» fueron las palabras de Jesús en el Huerto de Getsemaní que inspiraron hace tiempo a Cicely Saunders y siguen siendo una fuente de inspiración para los que cuidamos el proceso de morir de las personas.

Los cuidados paliativos tienen que ver con la medicina del cuidado y del acompañamiento. La medicina paliativa trata de cómo hacerse cargo de las personas cuando padecen una enfermedad avanzada, incurable y en fase terminal. Los cuidados paliativos cuidan la vida de las personas. Estos cuidados no tienen como objetivo la muerte, sino que cuidan la vida mientras ésta llega a su tiempo, evitando el sufrimiento.

Leyendo el documento Sembradores de esperanza acogiendo y acompañando a quien sufre, publicado por la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida el 1 de noviembre de 2019, encontraremos algunas reflexiones que serán de gran ayuda para acompañar al final de la vida de las personas: «cuando alguien se encuentra decaído por la enfermedad, sin una conversación interesante, solo con quejas continuas, tendemos a disminuir las relaciones con él. Puede haber aquí también una huida, más o menos inconsciente, de las situaciones de sufrimiento». «Por ello es necesario contrarrestar esta tendencia con una auténtica solidaridad con el que sufre, mediante la cultura del encuentro y del vínculo, en actitud de servicio, de verdadera compasión y de promoción humana».

Hemos de tener en cuenta que la persona que sufre no solo sufre por causas físicas, sino también por causas emocionales, sociales y espirituales. Es por ello que debemos abordar el sufrimiento de la persona de una manera integral. Porque es importante saber que la mayor parte con otros temas emocionales, sociales y espirituales y con su propia incapacidad para resolver los interrogantes más profundos de la vida. La espiritualidad es también otro universal humano y negar en la práctica nuestra naturaleza espiritual para el trabajo clínico, se convierte en un claro factor de deshumanización de nuestra atención. Nuestro acompañamiento espiritual es ayudar a la persona a despertar o a sacar a la luz el anhelo, la búsqueda interior que toda persona puede tener. Este aspecto espiritual quizás sea la parte más desconocida de la medicina, pero es la que los pacientes demandan más en sus últimos días.

¿Cuáles son las necesidades espirituales del paciente al final de su vida? La necesidad de ser reconocido como persona. La necesidad de releer su vida. La necesidad de encontrar sentido a su existencia y su devenir. La necesidad de liberarse de la culpabilidad. La necesidad de perdonarse. La necesidad de reconciliación. La necesidad de sentirse perdonado. La necesidad de depositar su vida en algo más allá de sí mismo. La necesidad de una continuidad. La necesidad de auténtica esperanza, no de ilusiones falsas. La necesidad de expresar sentimientos y vivencias religiosos. Tengamos en cuenta que la persona enferma soporta mal una dicotomía entre su cuerpo, objeto de cuidados de un equipo médico, su personalidad confiada al psicólogo y, finalmente, su ser espiritual que se entregaría, in extremis, al capellán del hospital. Acompañar en el final de la vida desde la espiritualidad es ayudar a hacer la mochila con las cosas adecuadas, con lo que importa, con lo que ellos necesitan, de forma que mientras estén aquí puedan encontrar todo lo necesario para la reconciliación, la realización, darle un sentido a su existencia, mientras atraviesan esta parte final de sus vidas.

El grado de responsabilidad de una sociedad se mide por su compromiso con los cuidados a quienes son frágiles, dependientes, vulnerables, marginados, sufrientes… Pero, además de aliviar su sufrimiento con nuestro acompañamiento y nuestros cuidados, debemos preservar su dignidad como persona. Para ello debemos hacerlo con nuestra actitud, nuestro comportamiento, nuestra compasión y nuestro diálogo.

¿Cómo debe ser nuestro acompañamiento espiritual a quienes desean adelantar su muerte? El que pide adelantar su muerte en realidad quiere otra cosa. Cuando la persona enferma nos dice «acabemos con esto», ¿a qué se refiere? ¿Desea acabar con su vida? ¿Desea acabar con ese dolor insoportable? ¿O con su angustia o su soledad? El enfermo no quiere sufrir. Detrás de la petición «quiero morir», hay un trasfondo que significa «quiero vivir o morir de otra manera».

Si quien sufre no recibe los cuidados adecuados para aliviar su sufrimiento, suele ver en la muerte su solución y por ello solicita que le ayuden a adelantarla. Ayudar a adelantar la muerte a quien sufre no es hacerse cargo del sufriente, sino eliminar su vida para eliminar su sufrimiento. Aunque quien nos solicite acompañamiento espiritual desee adelantar su muerte y dicho deseo vaya en contra de nuestra creencia, también se merece que estemos junto a él en el trance difícil del final de su vida.

En ningún caso nuestro acompañamiento tiene como objetivo hacerle cambiar de opinión. Hemos de respetar la individualidad y no hemos de juzgar las decisiones de nuestros enfermos, aunque sean contrarias a las nuestras. Tampoco lo debemos abandonar si él desea que continuemos acompañándole. Pero sí debiéramos retirarnos cuando se vaya a llevar a cabo el acto eutanásico. No sería admisible por parte de quienes asisten espiritualmente a estos enfermos ningún gesto exterior que pueda ser interpretado como una aprobación de la acción eutanásica, como por ejemplo estar presentes en el instante de su realización. Esta presencia solo puede interpretarse como complicidad.

Lecturas recomendadas:

  • Sembradores de esperanza. Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.
  • Samaritanus bonus (Carta sobre el cuidado de la persona en las fases críticas y terminales de la vida). Congregación para la Doctrina de la Fe.
  • Dignitas infinita (Declaración sobre la dignidad humana). Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
  • Velad conmigo. Dra. Cicely Saunders. Fundación Pía Aguirreche.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

 

Cuidados paliativos al estilo de San Juan de Dios

El 25 de abril de este año, profesionales del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y de otros centros de la Orden por el resto que España que trabajamos en Cuidados Paliativos quisimos compartir en una jornada científica en la Universidad de Deusto, que se celebró con motivo del Centenario de nuestro Hospital, cómo realizamos estos cuidados. Se puede consultar un vídeo de esta jornada, grabado por el Hno. Ramón Castejón, en este enlace.

Los Cuidados Paliativos que se procuran en los centros de la Orden, al estilo de San Juan de Dios, no son ideas ni empeños de unos pocos profesionales que trabajamos en sus centros, sino que son toda una filosofía de ayuda solidaria, integral, con una profesionalidad adecuada, una humanización exquisita dentro de una ética enérgica, pero prudente, y siempre teniendo como centro de atención a la persona que sufre y a su familia.

Comenzó la Jornada con el reconocimiento por el departamento de Salud del Gobierno Vasco de la labor tan importante de servicio a los vascos de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi. También la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) respaldó la labor que la Orden Hospitalaria San Juan de Dios realiza en toda España en el cuidado de las personas con enfermedades avanzadas y en fase terminal.

En la conferencia inaugural pudimos comprobar que las instituciones de San Juan de Dios llevan 500 años cuidando a las personas frágiles, vulnerables, desamparadas, desahuciadas… con los principios inspiradores de los Cuidados Paliativos que en el siglo XX a través de la Dra. Cicely Sauders introdujo en España.

Se trataron todos los temas que hay que tener en cuenta a la hora de cuidar a las personas con enfermedades avanzadas y en fase terminal, incluido el dolor total, como síntoma estrella del sufrimiento. Y para ello, compartieron sus experiencias profesionales de todas las disciplinas asistenciales, como la medicina, la enfermería, el trabajo social, la psicología, así como de la pastoral y la atención espiritual, provenientes de diversos centros de la Orden de toda España.

Pudimos conocer cómo se realiza la atención psicosocial como complemento a la atención médica con el modelo de atención integral, tanto en los domicilios como en las residencias y técnicas innovadoras de arteterapia.

Considerando que una adecuada formación en cuidados paliativos ayuda a cuidar mejor a las personas, se abordó la docencia desde la experiencia de profesionales en formación, desde la docencia universitaria y desde la tutoría en las rotaciones formativas.

Cuidar desde la Bioética es necesario para cuidar con prudencia en beneficio de la persona enferma. Se abordaron temas como la sedación paliativa, la adecuación del esfuerzo terapéutico, el papel de los comités de ética asistencial (la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios fue quien diseñó este modelo que posteriormente se ha ido universalizando en los distintos centros sanitarios públicos y privados de nuestro país). También se reflexionó sobre las acusas del deseo de los enfermos de adelantar su muerte.

También se compartieron los retos de los cuidados paliativos en la Orden Hospitalaria, centrándolos en los cuidados a las “personas más pequeñas” y en entornos residenciales a personas mayores con modelos innovadores de atención intermedia.

La conferencia de cierre nos hizo mirar al futuro sobre el desarrollo de los Cuidados Paliativos con un talante positivo que nos transmitió el ponente: más recursos de cuidados paliativos para un acceso universal, una mayor formación en la Universidad, acreditación de las competencias en atención paliativa, y una ley estatal de cuidados paliativos para que la atención integral de calidad a las personas no sea el privilegio de unos pocos, sino el derecho de todos.

En esta Jornada no nos podíamos olvidar de quienes dieron la vida por cuidar a las personas, concretamente en África cuando enfermaron de Ébola. Para ello cerramos el evento con emoción contenida viendo y escuchando el poema sinfónico Ébola.

Creo que en esta Jornada dejamos claro que en los centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios se cuida a las personas empleando los valores que nos transmitió su Fundador: la hospitalidad, el respeto, la responsabilidad, la calidad y la espiritualidad.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

 

Los administrativos de la salud también contribuyen a humanizar la asistencia sanitaria

El problema de la deshumanización de la persona en los ámbitos sanitarios requiere alguna reflexión. Los grandes avances científicos y tecnológicos no solamente traen como consecuencia un considerable aumento de la esperanza de vida, sino también una forma de tratar al paciente que puede llegar a producir lo que podríamos llamar “cosificación de la persona”.

Siempre que hablamos de humanizar la asistencia sanitaria, de hacer más cercana nuestra ayuda profesional a los enfermos que nos la demandan, pensamos que somos los sanitarios los únicos que debemos adoptar una actitud cercana a quienes atendemos. Sin embargo, hay otros profesionales no sanitarios, como los administrativos, los agentes de seguridad, el personal de mantenimiento, de la limpieza, los celadores, etc., que también pueden contribuir a humanizar la atención sanitaria que demanda el enfermo.

En esta ocasión me centraré en el personal administrativo de los centros de salud o de los hospitales para revisar cómo, independientemente de cumplir profesionalmente de manera adecuada su función, pueden también contribuir a que el paciente se sienta mejor atendido.

Es verdad que existen varios factores que pueden dificultar que, además de cumplir su función administrativa, puedan aportar humanización en la atención sanitaria, como puede ser la sobrecarga de trabajo, pero no debe ser una disculpa para hacerlo mejor. Permítanme que comparta algunas reflexiones de situaciones prácticas que he vivido, en ocasiones como médico y en ocasiones como paciente.

Cuando un paciente llega a un centro de salud con su padecimiento, que ya le provoca bastante sufrimiento, el primer contacto con el personal administrativo puede ya favorecer su alivio o por el contrario aumentar su sufrimiento. Va a depender de la actitud de quien le atienda. Una sonrisa, una actitud de ayuda serán suficientes junto a su eficacia profesional para que el paciente comience a aliviar su miedo, su angustia antes de enfrentarse a un diagnóstico o a un tratamiento, antes de ser atendido por el personal sanitario. Por eso podemos afirmar que quienes tienen funciones administrativas en el área de la salud también pueden humanizar la asistencia sanitaria de sus usuarios. Se puede aliviar su padecimiento si se evita el exceso de burocracia.

Facilitar los trámites, cuando llegan al centro de salud y cuando salen de él, a quienes puedan tener —quizá— más dificultades para comprender, como pueden ser las personas muy mayores, quienes padecen deterioro cognitivo, quienes tienen niveles culturales bajos o tienen dificultades con el idioma, es también una actitud humanizadora de la atención administrativa.

En ocasiones, la atención es a través del teléfono; pues bien, con una actitud de escucha y una voz amable también se puede conseguir un acercamiento a la persona a pesar de la distancia. La atención sanitaria desde la asignación de la cita también se puede humanizar y ayudará al paciente a tener más confianza en las personas que le van a atender.

Informar sobre el retraso de la consulta es una manera de aliviar la angustia, que suele provocar la espera injustificada y sin explicación alguna, a los enfermos. Una explicación sencilla por el retraso, un pedir disculpas por las molestias ocasionadas, dejarán al paciente más tranquilo y éste tendrá la sensación de que el personal de ese centro de salud o de ese hospital le tienen en cuenta como persona, no como un número más.

Cuando un enfermo sale del centro de salud con la sensación de haber sido bien atendido, también recordará que los asuntos administrativos han sido resueltos por personas amables y humanas. Si el enfermo, cuando sale del centro de salud, recuerda gratamente a todas las personas que le han atendido, incluso a los administrativos, será un buen indicador de la calidad asistencial de ese centro sanitario. Para todo ello, será bueno tener presente, cuando atendemos a alguien, la siguiente reflexión: ¿cómo me gustaría que me atendieran a mí? Si lo hiciéramos de esta manera, sin duda alguna, lo estamos haciendo bien.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

 

El tratamiento del dolor no es una cuestión opcional

El dolor, posiblemente la primera asignatura pendiente de la medicina de todos los tiempos, continúa siendo uno de los retos en nuestra práctica clínica diaria. Sin embargo, es incomprensible que, con todos los avances en los que estamos inmersos y las herramientas terapéuticas tan sencillas y eficaces de que disponemos, no hayamos superado este problema en un gran porcentaje de enfermos.

El enfermo tiene derecho a que su dolor sea aliviado y el médico tiene el deber de aliviárselo con el uso eficaz de la analgesia. El tratamiento del dolor no es una cuestión opcional del médico, sino un imperativo ético.

Deseo compartir en este Blog para Cuidar Mejor algunas reflexiones sobre la analgesia desde la ética:

  • No debemos permitir que alguien sufra dolor por ignorar cómo hacerle frente, por temor a aliviarlo con la posología suficiente o por creencias erróneas.
  • No se debe formar a las nuevas generaciones de médicos en el tratamiento del dolor sólo desde el punto de vista estrictamente científico, sin tener presente la dimensión cultural, social, psicológica, espiritual y humana de quien lo padece.
  • Aliviar el dolor de nuestros enfermos no debiera ser un privilegio para ellos, sino un imperativo para nosotros, los sanitarios.

Es conveniente que tengamos en cuenta que los médicos que estamos comprometidos en el abordaje del dolor hemos de considerar que el inadecuado tratamiento del mismo, cuando disponemos del conocimiento y los medios para ello, no es solo una falta ética, sino, además, una negligencia médica.

Para poder satisfacer el derecho del enfermo y cumplir con nuestra obligación referente al tratamiento del dolor desde la ética y la buena práctica médica, hemos de tener en cuenta lo siguiente:

  • Si el enfermo dice que le duele, es que le duele. Y si dice que le duele mucho, es que le duele mucho. El dolor es lo que el enfermo dice que es, es lo que el enfermo describe y no lo que los demás pensamos que debe ser.
  • Es necesario que identifiquemos el tipo de dolor que padece el enfermo para tratarlo con el fármaco adecuado.
  • Es indispensable conocer bien los fármacos que vamos a utilizar en el tratamiento del dolor.
  • Es fundamental tener en cuenta que quien nos va a indicar la eficacia de la analgesia que le hemos prescrito será el propio enfermo cuando nos diga: «doctor, ya no tengo dolor».

Tal vez las palabras del Dr. Gregorio Marañón, «un dolor curado justifica toda la vida de un médico», nos motiven a tratar mejor el dolor de nuestros enfermos.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

Ilustración: Mónica Lalanda (@mlalanda)

Cuando falta alguien en Navidad

Cuando llega la Navidad se hacen más dolorosas las ausencias. La tristeza y la pena por la pérdida de un ser querido suelen provocar en estas fechas la expresión: “no me gusta que lleguen estas fiestas”. Es el momento en el que se nota más el vacío y es más profundo el dolor.

El duelo es un proceso de cambio ya que con la muerte termina una vida, pero no una relación. Hemos de tener en cuenta que es una relación que se modifica: pasa de ser una relación de presencia a una relación de ausencia, ya que la desaparición de alguien a quien amamos no nos obliga al olvido. Como diría el psicólogo colombiano Paulo Daniel Acero: «el proceso de duelo no un proceso de olvido, sino de aprender a recordar sin dolor».

El duelo nos prepara para vivir sin la presencia física de la persona querida y mantiene el vínculo afectivo de forma que sea compatible con la realidad presente. Cuando se haya conseguido todo esto, el recuerdo habrá dejado de ser doloroso. Como dice el escritor argentino René Trossero: «cuando hayamos terminado de aceptar que nuestros muertos murieron, dejaremos de llorarlos. Y los recuperaremos en el recuerdo para que nos sigan acompañando con la alegría de todo lo vivido».

En estas fechas tan familiares y emotivas podemos ayudarnos a aliviar nuestras penas por las pérdidas de nuestros seres queridos recordando los momentos alegres que vivimos con ellos, sus comidas favoritas, sus canciones preferidas, etc. Todo esto, sin duda, nos consolará.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

Cuidar al final de la vida desde la deontología

La deontología nos indica cómo debe ser la buena práctica del médico cuando atiende a una persona enferma que solicita su ayuda como profesional. Esta buena práctica está recogida en el Código de Deontología Médica, que todo médico colegiado tiene la obligación de acatar. Fue Hipócrates, hace ya siglos, quien nos planteó a los médicos una de las bases éticas de la deontología: si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño. Nuestra responsabilidad ética con el enfermo es hacer el bien, no hacer el mal, respetar su autonomía y ser justos. El enfermo solicita ayuda al médico y esta petición hará nacer en el médico, como espontánea, la autoexigencia de hacer el bien. Esto se transforma en la ética del cuidado. Frente al enfermo que sufre, el médico siente que debe dar respuesta a su sufrimiento sin olvidar las bases éticas de la deontología médica como son: la beneficencia, la equidad, la autonomía, la confidencialidad, la dignidad, el respeto, la solidaridad, la honestidad, la lealtad y la justicia.

La atención y los cuidados al final de la vida tienen una trascendencia fundamental para la persona enferma y para su familia. La ética médica tiene que ver mucho con este tipo de atención, con estos cuidados. Es en esta etapa de la vida en la que se dan muchos conflictos éticos. Conflictos que tienen que ver con la vida, con la muerte, con el sufrimiento y con la fragilidad. El enfermo, cuando se encuentra en situación difícil, en situación terminal por una enfermedad incurable, nos pide ayuda para aliviar su sufrimiento. Ya sabe que no vamos a poderle curar, pero en estas circunstancias, desea que no le abandonemos, que controlemos los síntomas que le hacen sufrir para aliviar su sufrimiento, que no le prolonguemos su agonía innecesaria. Y es entonces cuando nos preguntamos ¿cómo lo debemos hacer para prestarle la ayuda que él necesita en esos momentos?

Sobre ello he reflexionado en el libro Atención médica al final de la vida desde la deontología, que he publicado en formato digital en la página web de nuestro hospital. Se puede descargar gratuitamente en el siguiente enlace: https://www.hospital-sanjuandedios.es/formacion-en-el-hospital-san-juan-de-dios-en-santurtzi/publicaciones/.

Cuidar a la persona que sufre en el proceso de morir, en el final de su vida, es un deber deontológico del médico. La deontología médica inspira al médico a acompañar al enfermo para aliviar su sufrimiento con el tratamiento enérgico y eficaz para poder controlar sus síntomas, evitando la prolongación de una agonía insoportable con la adecuación de aquellos esfuerzos terapéuticos que le podrían provocar más sufrimiento que la propia enfermedad, pero, en ningún caso, provocar intencionadamente la muerte de quien sufre para que deje de sufrir.

Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi