Cuando acompañamos, también cuidamos
Esta primera publicación en el Blog para Cuidar Mejor la deseo dedicar a la labor tan importante que realizan los voluntarios en nuestro Hospital, aunque ellos no sean tan conscientes de ello.
Con su compañía también cuidan a los enfermos y a sus familias. Hay aspectos, como la soledad, que necesitan de una medicina que quien mejor la administra es la familia, pero cuando esta falta o no existe, son los voluntarios los que alivian uno de los síntomas más dolorosos al final de la vida, la soledad obligada.
Sentirse a salvo, estar acompañado y tener consciencia de ello es fundamental para poder soportar la soledad física. En el momento en el que el ser humano sufre dolor o una enfermedad, anhela con un deseo imperioso la afectividad del otro, siente la necesidad de desarrollar su mundo afectivo. Es entonces cuando —precisamente— la experiencia de la soledad obligada, la experiencia del abandono, es particularmente negativa y tiene efectos muy graves en el estado anímico del enfermo.
En Cuidados Paliativos, humanizamos el proceso de morir acompañando a vivir y con nuestra compañía también cuidamos. Todos los que formamos el equipo humano del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi tenemos el objetivo de cuidar con hospitalidad todas las dimensiones de la persona y de cuidar para aliviar, cuidar para consolar, en el hospital o en el domicilio del enfermo, junto a su familia.
Esta medicina del acompañamiento es administrada con mucha eficacia y con nulos efectos secundarios a través del voluntariado. Por eso, el voluntariado se hace indispensable en los Hospitales de la orden y, sobre todo, en sus unidades de Cuidados Paliativos porque es una compañía sin interés que el enfermo sabe reconocer y agradecer con su sonrisa.
Cuidar a un ser humano es cuidar a alguien y no cuidar algo. Jamás hemos de reducir el ser humano a la categoría cosa. Acompañar a alguien es dedicarle nuestro tiempo, estar a su lado, mostrarle respeto y comprensión, demostrarle nuestra disposición a apoyarle ante todo lo que le pueda ocurrir, respetar los momentos en los que quiera estar a solas, y en ningún caso forzar una conversación activa.
¿Por qué son necesarios los voluntarios? Porque alivian los momentos de soledad del enfermo que condicionan tanto su calidad de vida. Porque los enfermos ven en ellos la presencia de sus hijos, de sus familiares, que no los acompañan porque no están presentes o porque ya no se interesan por ellos. Los enfermos que son acompañados por voluntarios agradecen su ayuda, valoran su actitud de escucha, se olvidan por unos momentos de su enfermedad y afrontan mejor su situación de final de vida.
Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi

Ilustración realizada por el Hno. Víctor Martín OH, publicada en el libro Mientras llega la muerte.


