El Centro Médico San Juan de Dios de Barakaldo acogió una conferencia sobre el desarrollo de los hijos.

El Centro Médico San Juan de Dios de Barakaldo acogió una conferencia sobre el desarrollo de los hijos.

“¿Por qué los niños no vienen con libro de instrucciones?” Éste es lema de la conferencia pronunciada el 25 de enero en el Centro Médico San Juan de Dios de Barakaldo por el médico pediatra Isaac Contreras y la psicóloga infanto-juvenil Marta G. Lacabex, y enfocada a reflexionar sobre la crianza de los hijos.

Tal y como señaló el pediatra Isaac Contreras, “en la sociedad de consumo en la que vivimos estamos acostumbrados a que todo tiene un manual de instrucciones para ponerlo en marcha, y sus preguntas frecuentes, para cuando algo falla. Cuando hablamos de los niños, no sirve lo del manual, cada niño es único e irrepetible”.
Según el pediatra, cuando algo va mal en la crianza de los hijos, “las fuentes habituales a las que recurrimos son la experiencia de nuestros mayores, libros, foros de internet, amigos en los parques, profesionales. Todas estas fuentes tienen diferente calado en cada familia, generando muchas dudas, mucha confusión para la crianza, que puede derivar en ansiedad en un proceso natural de la vida”.

Sin embargo, “no hemos de olvidar que cada niño es único e irrepetible: esto hace que la paternidad y la maternidad sean como un grado universitario que requiere de máster y doctorado”.

‘Generación blandita’ y educación del carácter

“Cada niño, como persona que es, es único e irrepetible. Los factores que influyen en sus vidas son múltiples: personalidad, entorno familiar, social… Aunque nos cueste aceptarlo, no todos estos factores están bajo nuestro control”, explicó la psicóloga infanto-juvenil Marta G. Lacabex.

Ante esto, “hemos de preguntarnos ¿qué significa educar?”. Para la experta, una posible respuesta es “acompañar a un niño para que desarrolle al máximo sus capacidades, de manera que llegue a ser la mejor persona que puede llegar a ser (y no la que nosotros queremos que sea)”. Según añade, la felicidad “también la que buscamos para nuestros hijos”, no significa ausencia de dificultades. “En general es más aconsejable acompañar a los hijos en las actividades que puedan realizar ellos solos, que tratar de hacer nosotros esas actividades por ellos: es mejor darles una caña para que aprendan a pescar durante toda su vida que unos peces para que coman un día solo”, apuntó.

Frente a una generación que ya se conoce como la “generación blandita”, por caracterizarse por niños que son mimados por sus padres, sobreprotegidos, poco resolutivos y a los que nunca se responsabiliza de los errores que comenten, la experta aboga por conocer a nuestros hijos, pasando un tiempo de calidad para que puedan desarrollarse como personas es algo muy importante en su desarrollo; este camino o proceso no está escrito, sino que se reescribe cada día”.

También incidió en la importancia de trabajar en la tolerancia a la frustración y la educación del carácter, entendiendo éste como el conjunto de habilidades como la persistencia ante las dificultades, la capacidad de trabajo con otros así como la capacidad de sobreponerse ante el fracaso (resiliencia). Así, aconseja fomentar la asunción de decisiones en los hijos, con sus respectivos éxitos y fracasos; transmitiéndoles los valores de la familia y la sociedad; aumentando su resiliencia ante las dificultades de la vida; familiarizándoles con el trabajo en equipo; dándoles valentía para defender con palabras y hechos las convicciones propias, etcétera.

Efecto Pigmalión

Por otro lado, “no conviene ‘etiquetar’ a nuestros hijos y hemos de tratar de respetar su individualidad. Por ejemplo, es habitual emplear categorías o etiquetas tales como ‘vagos’ (por no obtener un determinado rendimiento académico); ‘rebeldes’ (por no seguir unas determinadas normas de conducta); ‘inseguros’ (por mostrar éstos cierta timidez); ‘nerviosos’ (por tener cierta inquietud)…; caracterizarlos de esta manera y tratarlos como tales deriva en la asunción de este tipo de roles por parte de los pequeños, que finalmente se terminan comportando tal y como les marca esa etiqueta. Esto ya lo pusieron de manifiesto Rosenthal y Jacobson (1968), con el llamado Efecto Pigmalión”.

 

                          

                           Maika Palacios, Directora Gerente de San Juan de Dios, Isaac Contreras, pediatra, y la psicóloga Marta G Lacabex.

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