Entrevista a Angela Kröger, pastora luterana

“Compartir el último momento de la vida de una persona tal vez podría describirse como ‘un instante entre el cielo y la tierra’, un sentimiento de trascendencia entre las manos de Dios”

Angela Kröger, es una pastora luterana de Alemania que, tras asistir en este país a una conferencia de Julio Gómez, responsable asistencial del área de Cuidados del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, decidió realizar una estancia en nuestro centro.

Pregunta: ¿De dónde eres y cuándo naciste?
Respuesta: Nací el 30 de abril de 1965 en la localidad de Bad Ems, una población a medio camino entre Fráncfort y Colonia, en Alemania.

P.: ¿Dónde estudiaste y cuál es tu vocación?
R.: Estudié en la Philipps-University, en Marburgo, no muy lejos de mi ciudad natal. Soy pastora de la confesión luterana protestante.

P.: ¿Cómo desempeñas tu trabajo actualmente?
R.: La mitad de mi labor la desempeño como pastora en iglesias locales. También ejerzo mi labor pastoral en distintos hogares de cuidados para personas mayores y personas con distintos tipos de deterioro cognitivo.

P.: ¿Por qué querías venir a España?
R.: Conocí el año pasado en Alemania al Dr. Julio Gómez en un simposio sobre el trabajo en centros de cuidados. Su presentación directa y real y su percepción de la importancia de la compañía espiritual me impresionaron mucho. E igualmente me gustó algo que era importante para mí como pastora, que no criticó la labor de la Iglesia oficial en este campo. Por lo tanto, pensé que Santurce podría ser un buen lugar para ampliar mi formación sobre el cuidado de las personas al final de la vida. De manera añadida, también quería mejorar mi español, al menos un poco.

P.: ¿Puedes describir en qué consiste tu trabajo diario?
R.: Realmente depende de la semana o el fin de semana y del lugar, así como del número de funerales, bautizos, bodas, oficios religiosos, etc. Mi labor es la habitual de los pastores pero, en mi caso, también me ocupo de contactar con otras instituciones de personas mayores, hogares de cuidados y el desarrollo de sistemas de cuidados de cara al futuro. Y por supuesto, me ocupo de la atención espiritual de mi comunidad.

P.: ¿Por qué elegiste hacer de esta vocación tu vida?
R.: Supongo que es porque la vida es algo entre el Viernes Santo (Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu) y la Pascua (entrego mi alegría, como pájaros al cielo; la noche se llena de aleteos...).

P.: ¿Qué le das a las personas que ayudas y qué recibes de ellas?
R.: En primer lugar, trato de establecer cada relación sobre la base del respeto y la confianza. No es algo que, para mí, hagan de manera natural los seres humanos. Tal y como yo lo siento, es un don de Dios el poder encontrarnos los unos con los otros de esta manera.

Es algo que no es fácil de describir. A veces es una forma de compartir un momento de la vida, con sus luces y sus sombras. Otras veces se orienta más a ser compasivo con el sufrimiento de la persona, en vez de orientarse hacia la acción. En otras ocasiones, son los familiares o el personal de enfermería los que piden una asistencia espiritual o relativa a la pastoral y los sacramentos.

Dar y recibir están muy cerca el uno del otro en el caso de mi labor. Compartir el último momento de la vida de una persona tal vez podría describirse como "un instante entre el cielo y la tierra", un sentimiento de trascendencia entre las manos de Dios. Orar juntos, ya sea con palabras o por simple contacto físico, es una experiencia que da como resultado un fuerte vínculo emocional en ese momento. En esos momentos deseo dar tanto como puedo recibir.

Después de la muerte, mi trabajo consiste en la labor pastoral con los ritos correspondientes, así como ofrecer compañía a los familiares, en el caso de que los haya. Posteriormente, me ocupo de la preparación del funeral y de ofrecer atención espiritual a los familiares en el duelo, si lo desean.

P.: ¿Está la atención espiritual extendida en este ámbito en Alemania?
R.: Considero que se ofrece más a menudo de lo que la gente cree. Debería ser más obvio para las personas para, así, estar en disposición de solicitar este tipo de ayuda si lo desean. Esta atención debería ser ofrecida si el paciente así lo considera. Sin embargo, hay ocasiones en las que los familiares actúan de manera contraria, pensando que no es importante recibir atención espiritual. Pero, por ejemplo, ¿qué pasa con las personas con demencia avanzada? Los familiares no pueden decidir lo contrario si el paciente se encuentra ya en una etapa de demencia avanzada.

P.: ¿Qué diferencias encuentras entre el cuidado espiritual que se proporciona en Alemania y la atención espiritual que se imparte en España?
R.: Algunos temas son similares debido a la secularización; otros son totalmente diferentes, debido a la organización de la Iglesia en general.

P.: ¿Qué le falta y qué le sobra a la atención espiritual en cada uno de estos dos países?
R.: No quiero buscar lo que está mal. Espero que ambos países hagan sus deberes para ser capaces de acompañar espiritualmente a las personas al final de la vida.

P.: ¿Crees que ser mujer es una ayuda, un inconveniente o algo irrelevante en la atención espiritual?
R.: Todo lo anterior, pero lo que realmente es una bendición es ser una persona auténtica con voluntad de compartir un momento de la vida con otra persona a la que visitas, más que poner el foco en si es un hombre o una mujer la persona con la que se comparte esa compañía.

P.: Los valores en nuestra sociedad están cambiando. ¿Qué percibes, en términos de este cambio, en Alemania y qué percibes en España?
R.: En mi opinión, no es algo que dependa de los países. Creo que valores como la hospitalidad, la compasión y ser capaz de percibir el sufrimiento y acompañar al doliente es lo que las personas deberían aprender de nuevo para estar en compañía y respetarse mutuamente.

P.: La globalización ha traído a nuestro entorno personas de otros países, grupos étnicos, culturas y religiones. ¿Qué significa esto para ti en tu trabajo?
R.: Significa que debo tener la mente abierta y los oídos atentos al amor de Dios a todas las personas.

P.: ¿Cómo evalúa la relación de estos meses con los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios y los profesionales que ha conocido en el hospital de Santurtzi?
R.: He sentido una cálida hospitalidad e interés en mi trabajo y mi opinión. Me gusta mucho estar aquí. ¡Gracias!

P.: ¿Hay algo más que quieras comentar?
R.: Las personas, cuando se encuentran al final de la vida, son muy capaces de mostrar lo que es importante en sus vidas en particular y lo que es importante de la existencia en general.

Por último, deseo transmitir mi recuerdo y mi agradecimiento a todas las personas que he conocido en el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi. Ha sido una gran experiencia y estoy deseando volver.

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