El Superior General felicita la Navidad a todos los miembros de la familia hospitalaria de San Juan de Dios.

El Superior General felicita la Navidad a todos los miembros de la familia hospitalaria de San Juan de Dios

“Lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada” (Lucas 2,7)

20 de diciembre de 2019

Mis queridos Hermanos, Colaboradores, Voluntarios y amigos:
Llega la Navidad y quiero enviaros mi felicitación con el deseo de que el Niño Dios nazca en nuestros corazones y llene de paz y alegría la vida de cada uno de vosotros y de vuestras familias, así como la de todas las personas que sufren a causa de la enfermedad, la violencia y la marginación.
En la Navidad celebramos el misterio de la Encarnación. Dios no nos abandona a nuestra suerte sino que se hace carne de nuestra carne. La característica que mejor define a Dios es “que tiene entrañas de misericordia” con su pueblo (Cf. Lucas 1,78). La culminación de su amor misericordioso a los hombres y mujeres se produce con la decisión que encarnarse, de solidarizarse con los seres humanos.
Lo hace de la forma más sorprendente, naciendo pobremente, rebajándose hasta el extremo, para proclamar la dignidad de todas las personas, más allá de su condición, de su estado y de sus capacidades. Así nació Jesús, así se encarnó el Señor, en un pesebre porque no tenían sitio en la posada. Así se humaniza nuestro Dios. Todo comenzó con un Niño que nació en Belén, el Hijo de Dios. Allí se desbordó la alegría de María y de José, de los ángeles, de los pastores y de los magos que vieron y siguieron la estrella hasta encontrar al recién nacido, puesto en un pesebre.
¡Lo acostó en un pesebre! No tenían sitio en la posada. El Señor sigue solidarizándose especialmente con todos los niños y sus madres, que en nuestro tiempo siguen naciendo pobremente y en condiciones difíciles, así como con todas las madres que dan a luz a sus niños con muchas dificultades, sin ayuda ni asistencia y, sobre todo, aquellas que sufren para poder criarlos adecuadamente por falta de medios o por enfermedades consecuencia del parto.
Este año deseo referirme brevemente a estas madres y a estos niños, para quienes el Señor nace en esta Navidad y a quienes somos llamados a asistirles y ayudarles desde nuestro carisma y desde nuestra misión de hospitalidad, como ya se hace en muchos lugares donde está presente la Orden.
Hace poco más de un mes, tuve la fortuna de visitar las Obras de la Orden en Malawi, tanto en la capital Lilongwe, creadas más recientemente, como en Mzuzu, para celebrar los 25 años de la llegada de los Hermanos y Colaboradores de Irlanda a este bonito país. La misión que allí se realiza es muy hermosa y extensa: asistencia en salud mental y adicciones, programas para niños de la calle, para mujeres con dificultades, ancianos, formación de diversas especialidades en ciencias de la salud etc. Pero me impresionó de forma especial el relato del programa de Salud Mental Maternal, para atender a las madres, antes y después del parto, con problemas de salud mental, la mayoría como consecuencia de dar a luz una nueva vida, que en ocasiones se llena de sufrimiento para esas madres y cuyas consecuencias las sufren los recién nacidos.
Se encuentran un buen número de madres con problemas de depresión, ansiedad e incluso psicosis, cuyas causas son en su mayoría la pobreza, la violencia y la poca ayuda familiar y social. Es un serio problema, pero se puede tratar y superar con la ayuda adecuada. Nuestros servicios en Malawi tienen un programa para ello y gracias a Dios, con su ayuda, con la prevención a través de la formación y otros instrumentos y con el tratamiento adecuado, están siendo capaces de hacer sonreír a muchas madres que encuentran graves dificultades para llevar adelante el embarazo y para criar a sus niños por las causas que dije antes. Para ellas y para todas las madres del mundo que viven estas situaciones, nuestro homenaje y nuestra atención. Para ellas nace el Niño Dios, para hacerles sonreír, gozar de su maternidad y de sus niños, como lo hicieron José y María, a pesar de su pobreza, con su niño acostado en un pesebre.
¡Gracias a todos los miembros de nuestra Familia en Malawi y en cualquier parte del mundo, que realizáis vuestra misión cuidando y ayudando a las madres en situaciones difíciles durante su maternidad, así como a los recién nacidos, acompañándoles y dándoles el soporte necesario!
¡Es Navidad! En una noche fría nació el Salvador. ¡Acojámoslo con gozo!, porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres (Tito, 2,11). Vivamos el tiempo de Navidad con la esperanza de que la luz del Niño Dios ilumina todas las oscuridades que encontramos en nuestro mundo. Unámonos al recién nacido en el compromiso a favor de la dignidad de todos los seres humanos, especialmente los más frágiles, desde la hospitalidad al estilo de San Juan de Dios. De esta forma, como nos decía el Papa Francisco a los capitulares el 1 de febrero de este año, seremos iconos de las entrañas de misericordia de Dios.
Deseo para todos, Hermanos, Colaboradores, Voluntarios, Bienhechores y amigos de la Orden, enfermos y asistidos en nuestros centros y para vuestras familias, unas felices fiestas de Navidad y un próspero año nuevo 2020. Para todos los Hermanos y Colaboradores que estos días estaréis al servicio de las personas asistidas en nuestros centros, especialmente el día de Navidad, mi sincero agradecimiento y reconocimiento en nombre de toda la Orden.
¡En mi nombre y en el de toda la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios de la Curia General, Hermanos y Colaboradores, os deseo a todos una Feliz Navidad llena de paz y de alegría!.

Hno. Jesús Etayo
Superior General

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