PREGUNTAS HABITUALES

Aquí encontrará respuestas a las preguntas más frecuentes que realizan los familiares, voluntarios y cuidadores de personas en el final de su vida, basándonos en nuestra experiencia de atención hospitalaria y domiciliaria. En algunas respuestas se podrá encontrar un link que ofrece documentación específica.

¿Cómo puedo responder a “preguntas difíciles”?

Muchas veces el enfermo realiza comentarios o preguntas que son pensamientos propios expresados en alto y que no espera respuesta alguna.  Ante, por ejemplo, comentarios del tipo “No creo que pueda recuperarme… esto va mal… hay que prepararse para lo peor…hasta aquí hemos llegado… me voy a morir…” o preguntas tipo “¿Estoy muriéndome, verdad? ¿Ya no se puede hacer nada más, no?” lo más adecuado cuando no se sabe qué decir es mantener el silencio que, de alguna manera, es confirmativo de los propios pensamientos del paciente sin ser algo amenazante o tenso para el familiar. Ese silencio indica que se comparten los pensamientos de la persona enferma.

Por otro lado, si el familiar se siente con fuerzas, puede iniciar un proceso de diálogo interesándose por lo que el paciente sabe, preguntando, por ejemplo, “¿Qué te hace pensar así? ¿qué pasaría si fuera cierto?” Pude continuar preguntando por lo que el paciente quiere saber, preguntando “¿Realmente quieres estar informado de todo? ¿qué más quieres saber? ¿qué dudas tienes sobre tu estado que quieras resolver?” Ambas maneras muestra el interés por parte del familiar/cuidador por lo que el paciente piensa sobre su estado, demostrándole su compromiso de estar junto a él (el paciente), sin “huir” de preguntas o situaciones difíciles a las que dar respuesta, compartiendo las inseguridades, temores y dudas de la persona enferma. En este sentido, respuestas tipo “pregúntale mejor al médico” es desviar la atención del paciente y no aceptar que él te ha escogido como receptor de sus dudas y temores.  En este sentido, frases del tipo “no sé qué decirte pero me comprometo a hablar con el médico si tú quieres” es una manera de afianzar el compromiso.

En cualquier caso, no hay que quitar esperanzas ni crear falsas expectativas con comentarios tipo “ya verás que te pondrás bien… no tienes que pensar así… en cuanto te cambien la medicación mejorarás…” ya que son afirmaciones que no son ciertas y que producen un mayor aislamiento del paciente que deja de confiar en su familia como fuente de apoyo y, por lo tanto, deja de compartir sus dudas o temores, además de poder ser utilizadas posteriormente por el paciente como un “arma” de su enfado recriminándoles el haberle mentido.
Por último, siempre está la posibilidad de reconocer abiertamente ante la persona enferma su dificultad para hablar de esos temas o, simplemente, responder con un “no sé qué decirte… yo tampoco lo sé… me es muy difícil hablar de ello…”

(para más información, ver en la sección “Documentos” aquellos archivos relacionados con la “Comunicación de malas noticias”)

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